
corta despedida de un niño de corazón frió
Dormir en la sombra fría de una cueva
y que el sol me despierte en la mañana.
En el vacio de esta cueva, el echo eléctrico
de La Ciudad Gris, que nunca vio, todo fue, y nada era.
Que triste y ordinario era mi amigo imaginario
que alguna vez vivió y ahora sueña.
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